jueves, 31 de enero de 2008

Nuevo Dominio


Por el presente comunicado quedarán todos enterados del nuevo regente de los dominios del Otro Lado del Espejo.
El señor Lord Mayfair queda desterrado por los siguientes delitos:
1) Faltar al juramento de “aut voluptas aut mors”.
2) Tomar por esclavo a un Titan que fue contra la divinidad del Olimpo.
3) Pecar en demasía de soberbia.
4) Olvidar los valores morales que juró proteger y perder su honor al negarse a los designios de Eros.
Por estas razones, queda encerrado en el Hades custodiado por el can Cervero, así como quedan clausurados permanente estos dominios dónde el vil traidor proclamaba sus perversiones.
El nuevo heredero se desplazará a su jardín, dónde predicará el auténtico discurso hedonista de la dominación Mayfair; allí deberán acudir si desean presentar sus respetos.

Atentamente,

El nuevo gobernante.

(http://eljardindelvizconde.blogspot.com)

martes, 22 de enero de 2008

Se requieren cambios


El Tiempo gira incesante, devorándonos la vida y obligándonos a adaptarnos más y mejor.
Somos seres humanos de costumbres, adaptados al medio en el que vivimos: desde el lugar más árido del planeta a la Antártida.
Muchos gustan del sedentarismo, característica del capitalismo, pero otras personas requieren cambios. Prácticamente se exigen a sí mismos esa "inestabilidad"; esa necesidad de mutarse a sí mismos, de evolucionar...
No sé si es ya por Rorty y el ironista liberal, o por el Héroe de Savater, pero mi propia persona, mi mismidad, o mi subjetividad construida a lo largo de los años pervertida por el sistema, me obliga a gritar desde lo más profundo para empezar una nueva etapa.
No será una visita al abismo, ni siquiera a la frontera entre lo real y lo fantástico... Será desde la cama, dónde estoy tumbado escribiendo esta anotación. Gritaré tan fuerte que no habrá explosión que me iguale.

Mío,

L.M.

domingo, 13 de enero de 2008

A tí...

Cuando escuches esta canción, y te excites solamente con un recuerdo, habré ganado otra parcela...

jueves, 10 de enero de 2008

Fascinación por el Sufrimiento


Recientemente, reflexionando sobre fijaciones humanas, me di cuenta de una cierta fascinación por el sufrimiento, no solamente en la sociedad o el mundo S/M, sino hablo de una apreciación personal.
Gusto no solamente del sufrimiento que inflijo, sino del que recibo por parte de lo demás (personas que intentan dañarme o circunstancias de por sí dañinas). Esta cierta fascinación por el sufrimiento no es únicamente cuestión sexual, sino personal. Es tal la realidad de la sentencia "vivir es sufrir", que he aprendido a no solamente soportar grandes sufrimientos, sino a provocarlos...
Provocar mi propio sufrimiento con la esperanza de aprender a superar el próximo obstáculo... Suena masoquista, suena a masoquismo epistemológico, aunque opino que todo viene a ser producto de la construcción que el sistema nos inculca.
Curioso, ¿es el sistema masoquista para funcionar? Nos inculcan ese "amor al sufrimiento" para darnos un cierto poder de supervivencia...
Curioso también, el dolor nos otorga poder para sobrevivir.
Volviendo al tema, esa fascinación por el sufrimiento se manifiesta por perpetuar en el Tiempo algo que será fuente de mucho sufrimiento... Y nunca había estado tan excitado...

Vuestro,

L.M.

martes, 8 de enero de 2008

Los Nobles también lloran...


Las Palabras, lo que más quiero y respeto, aquello de cuyo dominio de jactaba... El lenguaje formal que había heredado de la diosa Atenea se enrolló alrededor de mi cuello lentamente para apretarme con fuerza ante la desesperación por una pérdida inminente.
La supuesta nobleza que me caracterizaba perdió anoche su exquisitez, su divinidad.
Palabras erróneamente escogidas provocaron que cayera la máscara, su máscara... Se mostró tal cual es, y aunque desde siempre ese fue mi deseo, no supe medir el alcance de lo que decía, y lo que me mostró no fue agradable...
Yo siempre hablo entre líneas; él detesta los rodeos, quiere claridad.
Recuerdo una frase que no entendía hasta este momento: Vanidad y Felicidad no son compatibles... Y hablo de mí al decir que ahora hay poco sentido, ¿de qué me sirve una disciplina si no controlo mis poderes? ¿De qué me sirve tenerte si no te entiendo? ¿De qué sirve esto si no podemos hacerlo parte de nuestra vida?
Anoche perdí la cortesía y la nobleza al provocar oscuros sentimientos... Hice surgir su Furia, y su llegada no siempre es productiva. Adoro las Tragedias cuando solamente son producto de la imaginación, pues vivir una te aparta de los brazos de Morfeo.
"Las Disculpas son sólo palabras", dijiste... Solamente espero que me dejes subsanar el daño... Sabes quién eres y sabes lo que significas... No me obligues a fingir Tranquilidad en mi vida vainilla, cuando aún lucho porque esto sobreviva, por favor.

Tuyo,

L.M.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Una Confesión en Vísperas del 2008


Sin quererlo ni esperarlo, muchas dudas acuden en estas fiestas a mi cabeza: Esta incertidumbre me sobrecoge el corazón para caer en una especie de solipcismo del que solamente puedo escapar si así yo lo quiero. Pero este deseo de salir no termina por llegar.
Dudo, no de quién soy, si de lo que me hace ser quién soy. Si los motivos para reflexionar y sentir son los mismos, y éstos se derriban por falta de motivación exterior, ¿qué más puedo hacer yo, desde mi mismidad, para elevarme nuevamente al lugar dónde me encontraba?
Es ahora cuando comprendo que no existe nadie capaz de devolverme al lugar del que fui arrojado, ni siquiera la persona que lo provocó.
Todos estamos de acuerdo en que el cambio es bueno, pues implica evolución (a mejor se supone), pero ¿y si al evolucionar te das cuenta de que estabas mejor desde el terreno de la Ignorancia? Lo sé, lo sé, ignorar nunca es la solución... Pero Ignorar otorga Felicidad, aquella que el Conocimiento niega y deshecha.
A pocos días de comenzar el 2008, me doy cuenta de que estoy dónde comencé el año pasado: ante un curso con pocas expectativas intelectuales; ante pocas personas intelectualmente estimulantes; ante una perspectiva emocional más vacua que sublime...
Lloro sangre por todas las lágrimas contenidas durante este año, que se han ido escapando bajo míseras excusas superficiales que muestran una necesidad (y una carencia) cada vez mayor...
Hace poco escuché "virtuosismo del engaño", una habilidad que parece tan mía como ajena, pero cuando el engaño es, ante todo, parte de tu vida: ¿cómo distinguir cuando dices verdades y cuando mentiras? Es decir, ¿cuándo debe uno dejarse ver claramente? Y más complicado aún, ¿debe uno dejarse ver claramente? Antes habría respondido, claramente, que NO a ésta última pregunta; pero ahora las cosas han cambiado.
Dejando un beso de incertidumbre, cansado de mantener las apariencias...

L.M.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Se acerca...


Ya viene... Oigo en la lejanía el batir de sus alas de cera...
Lo oigo acercarse, gritando por ser mío... Jadeando porque derrita sus alas sobre su cuerpo... Gimiendo por la ilusión...
Aquí te espera tu lord, tu señor, con los brazos abiertos para disfrutar de tu presencia, de tu cuerpo, de tu parte más primaria... Aquí te espero...
Que venga, que venga... Que nadie lo detenga...

martes, 18 de diciembre de 2007

Una Nueva Identidad


Una reciente conversación me puso al descubierto algo que aún no tenía claramente matizado en mi cabeza. Hablo de las intenciones que tengo con un sumiso, lo que le intento inculcar, esa supuesta disciplina que tanto profeso.
Ya me había dado cuenta de una importante diferencia entre los dominantes que he encontrado en mis tres años y pico de andadura en estos derroteros: básicamente la cortesía. Ellos gritan, insultan ("perro, ven aquí"), degradan verbalmente... Es una práctica, muy extendida, pero una práctica que no comparto.
Mis sumisos tienen un nombre nuevo cargado de significado, pleno de moralidad y filosofía. Su aprendizaje consiste en imitar ese personaje, sus virtudes, sus defectos... Ser la persona que yo le diga, y aprender de esa experiencia.
Quiero un sumiso con el poder más grande que pueda existir: la curiosidad. Curiosidad por saber qué se siente realmente al ser otra persona... Curiosidad por ser uno de los actores en mi perversa obra maestra que es mi vida.
Mi fetichismo por la Grecia Clásica es brutal, primaria y divina. Héroes trágicos, hechiceras, dioses, semidioses, titanes, mortales en perpetuo castigo... Todo ello lleno de mística racional y moralista...

Gusto por lo Cruel


(Este breve artículo forma parte de mi monográfico sobre Foucault para la asignatura Estética y que incluiré en la Tesis).

Vigilar y Castigar, publicada en francés por primera vez en 1975, es, a mi parecer, la obra más importante de Foucault.
Desde el comienzo, con el relato del suplicio de un condenado, la obra nos acerca al entramado que se esconde bajo las relaciones de poder, dónde la sociedad recurre al dolor para re-adiestrar a los “desviados” (tómense como delincuentes o como personas con una manera de vivir diferente a la sociedad circundante). Esto ocurre durante la Edad Media hasta comienzos del S. XIX, aunque irá paulatinamente modificándose hasta llegar a una nueva moral del Derecho a Castigar.
Es este Derecho a Castigar lo que oculta ese "gusto por lo cruel", es decir, el placer de la masa por ver cómo sufren los que ponen en peligro sus principios básicos (sean legisladores o meramente patriarcales). Aunque Foucault no usará nunca este concepto (y es más, no se percatará de este nuevo aspecto de la estética del castigo) es lo que, a mi parecer, envuelve cada rincón de esta fascinante obra arqueológica.
Vigilar y Castigar, bajo el subtitulo de Nacimiento de la Prisión, nos acerca a una historia del castigo y la tortura, en una genealogía del suplicio y cómo éste va desvaneciéndose hasta la instauración de la prisión. Pero todo este proceso institucional va acompañado de una nueva visión moral para con el delincuente: la desaparición de los suplicios es uno de estos nuevos axiomas morales.
Esta nueva visión sin suplicios tiene que ver, a mi parecer, con la estética de los suplicios mismos. El espectáculo grotesco del delincuente siendo aleccionado enervaba del mismo modo a la plebe; de este modo, con la influencia de cierta humanidad, comienza a ser mal visto presenciar estos actos.
La discreción en el arte de hacer sufrir, sin humillación pública, va imponiéndose hasta que ha desaparecido el cuerpo como blanco mayor de la represión penal. Pero eso no significa que el castigo no siga existiendo, sino que se convierte en un entramado institucional y privado. De este modo, el Derecho a Castigar pasará a ponerse en tela de juicio. El Estado, al comprometerse a castigar a los delincuentes en privado, pronto caerá en la cuenta de que es poco glorioso castigar, y el concepto de condena y castigo será redefinido.
El castigo será entendido como una privación de derechos y bienes, eliminando su antigua concepción de suplicio físico por medio de dolores aberrantes. Economía de Derechos Suspendidos, como dice el autor, en vez de la Economía del Castigo basada en una serie de torturas que aplicar al condenado como acción punitiva y humillante (o lo que es lo mismo, correctora). Este nuevo castigo se manifiesta efectivamente con la construcción de las prisiones (Instituciones creadas para albergar a todos los delincuentes privándoles de la libertad para que aprendan la lección) y la base de esta nueva visión del castigo es la humanidad que anteriormente he nombrado. Humanidad en la que el sufrimiento se aplica privando de libertades, no con dolores físicos.
Sin embargo, todo este proceso fue arduo y lento, existiendo un punto intermedio en el que el suplicio quedó reducido a una ejecución instantánea. Foucault cita, concretamente, el caso de la guillotina como ejemplo en el que el espectáculo de humillación y mutilación pública, queda reducido a un único instante en el que se da muerte.
Pero la creación de las prisiones no ha terminado por significar el fin del sufrimiento del condenado, pues es aún vigente el postulado contra el que se luchaba: es justo que un condenado padezca dolores físicos más que los otros hombres. Esto se mantiene hasta bien entrado el siglo XIX, aunque se exige menos crueldad y más humanidad (derivada del desarrollo de las Disciplina Sociales [o Ciencias Sociales, como prefieren muchos]).
Foucault se posiciona en contra de la pena capital por considerarla un espectáculo, y es aquí donde debemos centrarnos pues se esconde el gusto real por la crueldad con el otro, con el otro-condenado, con el otro-delincuente.
Aunque el nuevo sistema penal se asiente bajo nuevos principios en la concepción del dolor (ya no tan físico sino represivo), lo cierto es que se sigue aplicando una fuerza inquisidora en el cuerpo del condenado: limitándolo a trabajos forzados o racionalizando su comida, el condenado experimenta otro tipo de sufrimiento más profundo. El dolor corporal se queda en la superficie y tiene como expresión las marcas y señales de la tortura; pero el nuevo dolor que se le aplica está pensado para que lo castigue de una manera más psicológica, y con ello, más eficaz y dolorosa. Se ataca el pensamiento y la voluntad del condenado.
Sea del modo que sea, a través de suplicios físicos o privación de libertades, el autor nos pone de manifiesto una tesis rocambolesca que deja al ser humano como mera moneda de cambio dónde el Poder actúa: el cuerpo está poseído por el ámbito político, es decir, las relaciones de poder actúan sobre el cuerpo del individuo ya sea como sistema punitivo o como mero corregidor.
No es de extrañar que esta obra se relacione con la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. El gen de dominio que emerge siempre en la sociedad occidental fruto de una mala salud en la relación naturaleza-ser humano, es semejante a la actuación que ejerce el Poder sobre nosotros. Poder como Dominio del Otro, y desde éste se monta el gusto por lo cruel del que hablo.
Sin embargo, todo este recorrido por el entramado punitivo adquiere un valor muy pobre cuando se llega a la conclusión de que, para Foucault, ni el ámbito de la Ética ni el de la Estética pueden erigir un discurso último y normativo, ni un sistema acabado, porque terminaría siendo un fraude. El motivo por el cual éste hecho sea una trampa es porque estos dos ámbitos se basan en la autoinvención y la autorregulación de la propia subjetividad. Por este motivo, mi tesis sobre la exquisitez del sufrimiento en el Poder es abstracta y algo difícil de ver, pues el autor no hace referencia alguna en la obra. Se trata de un perfume que se desprende de la lectura de esta obra bajo una cierta influencia de Sacher-Masoch (o Sade, que es más específico por el sadismo que deriva de su nombre).
Fernández Agis, en su artículo sobre el autor francés, expone que la obra de la hablamos en este apartado nos enseña que los castigos punitivos poseen un aspecto subjetivador, que tiene como fin último sujetarnos a las normas del sistema mediante relaciones de poder aplicadas directamente en nuestro cuerpo (ya sea física o psicológicamente), algo que, de alguna manera, apoya mi tesis ya que el Poder disfruta sometiendo y subyugando a los ciudadanos a su "modo de pensar y actuar".
Tras todo esto, el capítulo esencial sobre el gusto por lo cruel es el titulado La Resonancia del Suplicio. En él, Foucault delata ese exquisito arte de hacer sufrir y contemplar el sufrimiento. Además, citando a Jaucourt, se encuentra la clave: El suplicio "es un fenómeno inexplicable lo amplio de la imaginación de los hombres en cuestión de barbarie y crueldad" (Encyclopédie, artículo titulado "Supplice"; VC, pág. 39). Esta imaginación perversa es la que promueve el gusto del que hablamos en este apartado.
Además, esto nos remite nuevamente a la economía del sufrimiento, pues se dilata la hora de léxitus para ensalzar el suplicio haciéndolo más cruel y/o atractivo para los ojeadores. Pero existe una figura específica en este arte del sufrimiento; el Poder en sí no aplica el sufrimiento, obvio, por lo que se precisa un individuo capaz de actuar cuantitativamente en el cuerpo del condenado para goce público. Si para los romanos, los gladiadores eran el divertimento favorito, en la Edad Media, el dueño de la diversión era un hombre portentoso, cruel y encapuchado, el verdugo.
Este personaje es el que aplica aquello que el Poder no puede: el sufrimiento. Sin embargo, como dije previamente, actuaba cuantitavamente en el cuerpo del reo. Esto quiere decir que el número de latigazos, y las torturas correspondientes, estaban previamente especificadas según el grado del delito. Este individuo es el agente que aplica la violencia del Poder para corregir o modificar la violencia del paciente (aparece muchas veces esta similitud entre condenado y paciente).
Y existe, además, otro indicio esclarecedor que matiza la exquisitez de la crueldad y su gusto: Foucault nos cuenta que cuando el verdugo no cumplía bien con su cometido (dar "placer" al populacho ennegrecido por la crueldad) era merecedor de un castigo. Esto nos deja entrever, que el suplicio, más allá de ser un operador político, es también un tipo de divertimento perverso. Actúa para imponer la ley, y se manifiesta tanto en el condenado, como en el verdugo y el vulgo, pero también funciona como circo medieval al que acudir en calidad de voyeur para descargar las ansias de crueldad fruto de un sistema escandalosamente dominante.
En este mismo capítulo, como sacado de una obra de Sade, Foucault nuevamente nos remite a viejas torturas para mostrarnos el alcance que el Poder tiene sobre el cuerpo de los individuos que somete. Mediante todo un aparato ritual punitivo, el Poder actúa sobre el cuerpo del condenado marcándolo de por vida con el estigma de "infame". Sus marcas o la resonancia de su suplicio demostrarán el alcance que el Poder tiene y manifiesta sobre nosotros.
En relación a la tortura como medio de obtener confesiones, sus métodos eran mucho más estrictos y severos, y los resultados no eran siempre los deseados (siendo lo que se deseaba, la verdad del crimen). En Francia estuvo muy de moda la conocida silla de interrogatorios, en la cual se sentaba al paciente. Esta silla, repletas de pinchos metálicos y oxidados, se propagó rápidamente por Europa como método de conseguir la verdad. Sin embargo, muchos reos, ante la sola visión del grotesco artilugio, confesaban cualquier cosa que se les preguntara.
Esta enorme utilidad del dolor como método de acción política, con la enorme expectación de la que se valía el Poder para demostrar su fuerza, es el ejemplo claro del ese arte del sufrimiento, el gusto por lo cruel. Empero, lo fundamental en Foucault y en esta visión grotesca del gusto estético por el sufrimiento, es la construcción de un nuevo sistema que permite aniquilar la posibilidad de ser-otro de los individuos que forman la sociedad. Y será éste, el punto de partida que guiará la trilogía sobre la ecuación sexo/poder.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Un mortal más...


Sí, queridos míos, un mortal más.
Las circunstancias han obligado a que deje salir lo que tan celosamente guardaba escondido. Abrí la caja y su Libertad voló kilómetros para retornar a su dueño...
Este desastroso y trágico momento me devolvió a la más insulsa de las mortalidades posibles: Un Lord sin sirviente, sin vasallo, sin otra entidad que lo elevara a un punto divino en lo más alto...
Sí, queridos míos, un mortal más.
Sin él, el que me había entregado su poder, soy un simple mortal con ansias de volver al Olimpo del que fui arrojado injustamente...
Pero no todo es sufrimiento, ya que, como buen Mayfair, sé cómo debo sobrevivir a esta desgracia... No todo está perdido, pues aún tienen que ocurrir muchas cosas hasta que mi divinidad quede totalmente subyugada a la vulgaridad.
Sé que no has dicho tu última palabra,
sé que aún deben ocurrir otras muchas situaciones,
sé que no serás un héroe trágico cualquiera...

R.I.P. Prometeo {LM}. 27-X-07 / 8-XII-07

martes, 20 de noviembre de 2007

Esbozos II


Pese a que todos sabemos perfectamente lo que ocurre dentro de una sesión, ¿por qué es tan difícil de comprender que el dominante se crezca infligiendo dolor al sumiso? Es una pregunta que parece contradictoria: ciertamente el sumiso se enriquece bajo el dominio pues alcanza nuevas maneras de expresión, liberación y emoción; sin embargo, explicar cómo es capaz el sumiso de hacer crecer al dominante es más complejo (y no exento de cierta carga prejuiciosa).
Para los que somos meramente maltratadores, merecemos la cárcel o algo peor... Para los que "comprenden" lo que ocurre fuera del mundo vainilla, el dominante es el rol más siniestro y maquiavélico.
Creo que lo básico para comprender nuestra situación es una redefinición de conceptos tales como "dominio", "sumisión", "dolor" o "libertad". Y para esto, se debe hacer un esfuerzo mental por entender que las definiciones que tenemos en nuestra cabeza no son inamovibles.
Otro prejuicio básico que se tiene contra nosotros es que somos incapaces de amar; si amáramos realmente, daríamos caricias en vez de azotes... Y nuevamente se debe redefinir un concepto clásico y prejuicioso.
Son esbozos, nuevamente, de algo que formará parte de otro algo...

Vuestro,

L.M.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Violencia y Sadismo

Hoy, en clase de Filosofía Política, un compañero de clase expuso una definición de Violencia extraída de uno de esos aburridos diccionarios de Filosofía Política.
En determinado momento de la discusión, pues es una clase dónde todos pugnan por ser el-que-mejor-razona es inevitable discutir, el compañero que exponía declaró:
- El violento es un sádico hecho por medio de una cultura de dominación...
Las palabras quedaron clavadas en mi cabeza y, sacándome de mi trance, no pude reprimirme el comentar.
- Violencia y Sadismo no son comparables.
La rotundidad de mi afirmación provocó una carcajada por parte de un amigo (que sabía el motivo por el cual replicaba) y la furia filosófica y soberbia de otro de mis compañeros, llamémosle Wilfrido.
Entonces comenzó una batalla campal contra mi afirmación apoyándose en las palabras que acabábamos de oír y sin pararse un segundo a preguntarme por los matices de mi afirmación. De entrada, el discurso vengativo no pienso que sea un arma eficaz (pues muchas veces yo mismo he recurrido a él), y en segundo lugar, opino que la relación violenta es aquella que no es consentida, y todos sabemos que el sadismo (llevado a buen puerto por supuesto) se une al masoquismo de manera consentida por ambas partes.
Que sea o no fruto de una cultura de dominación, eso es cosa aparte, pero tratando de matizar conceptos, no se percataron de que usaban palabras sin conocimiento de causa.
¿Y el profesor qué dijo? Se preguntaría uno, pues simplemente, esperó a que la tormenta pasara. Ja, ja, ja, no es nada raro... Ay ay ay, Pablito...
Para más inri, Wilfrido siguió con su retórica barata ante la mirada arrogante de Lord Mayfair (pues en este tipo de circunstancia, dejo que salga mi parte más exquisita), y finalmente tuve que dar por zanjada la conversación (provocando de nuevo risas a mi amigo) con estas palabras:
- No hablo de perversiones con gente vainilla.
Eso pareció haberle dañado lo más hondo, pues no volvió a pronunciar palabra.
Es una anécdota interesante pues demuestra que, aunque me desenvuelvo en un lugar "eminentemente filosófico", la ignorancia y la soberbia siguen siendo parte del discurso... Hoy me di cuenta de que también los "filósofos" son humanos...

miércoles, 31 de octubre de 2007

Tiempo y Poder


Es indudable que sienta, en este momento más que nunca, que el mundo gira a mi alrededor. Ellos lo saben, saben que algo ha cambiado. Unos lo saben, a otros les muerde la curiosidad por el motivo de mi cambio.
Mientras, el señor de estos dominios, se regodea en su divina vanidad por sentirse parte de algo más grande y profundo... Como si guardara algo importante. Curioso, no es el tema que iba a desarrollar en este post, pero me parece un buen asunto.
¿Qué guardo? ¿Qué es lo que yo poseo que me hace sentir tan sumamente superior a todos ellos, a todos los lego, a toda la masa, a toda la vida vainilla?
Los que saben lo que guardo, me reclaman constantemente como presencia imponente y liberadora... Curioso también.
Es quizás producto de mi propio narcisismo, o quizás es una nueva visión del mundo obtenida por guardar lo que me hace tan importante. ¡Exacto! Es eso... Lo que guardo me hace importante, por el poder liberador, por la naturalidad, por la sabiduría radical y lasciva que Dionisos y Atenea me legaron...
Pero, volviendo al tema que quería desarrollar, el Tiempo es ahora una construcción más que puedo controlar. Yo digo cuándo, a qué hora... Todos hacen, encantados además. Si lo deseo, puedo viajar tan lejos, que el Tiempo se pliega para mi satisfacción; paralizo momentos, como fotografías, y me deleito recordándolo.
Tiempo y Poder... Son esbozos... Aparentemente sin sentido... Pero dejo constancia pública de algo que incluiré a algún lado...


L.M.

domingo, 28 de octubre de 2007

Hecho Dios por un Titán


Anoche fue la gran noche: no solamente el momento en el que Lord Mayfair volvió a la vida cual ave fénix, sino cuando me proclamaron Dios, Dueño y Señor de una de las Voluntades más poderosas que he visto en mi corta existencia.
Anoche fue la gran noche; anoche un titán, aquel que entregó el fuego a los mortales y posteriormente fue encadenado al Cáucaso, me entregó su voluntad divina, haciéndome el más dichoso de todos los dioses.
Bendecido por la lujuria de Dionisos y la sabiduría de Atenea, resurjo del inframundo para proclamarme Dios Altivo, Sensible y Severo, de un mortal que me ha encadenado a su cuerpo de manera irrompible durante los próximos seis meses.
Comienza su adiestramiento, su momento de crecer, el momento de que me haga crecer... Crezcamos ambos, juntos, unidos en secreto por un papel cuyo único poder reside en que nosotros creemos en él...
Seis Meses... Seis Meses... Seis Meses... La Divinidad tiene fecha de caducidad: la que el sumiso ponga a su esclavitud...

jueves, 25 de octubre de 2007

CERRADO


Durante una temporada, permanecerán mis dominios cerrados.

Con delicados besos os despido hasta la próxima vez...

miércoles, 24 de octubre de 2007

Con la luna...


Mi Pasión siempre me ha jugado malas pasadas, al igual que su amiga la Razón, pero esta vez tiene un sabor distinto: sabe a crueldad sádica sin ningún tipo de placer.
La Vida puso en mi camino a un joven, tan distinto a mí como atrayente, que mi cuerpo entero se estremecía cuando lo veía en su posición: de rodillas sentado sobre los talones, con las piernas abiertas y las palmas de las manos hacia arriba.
Una primera sesión, dónde era instruído en las preferencias Mayfair.
Una segunda, dónde el calor del fuego y la lujuria primaron sobre nuestros cuerpos...
Y una final, en la que la lectura de la que se convertiría en nuestra sentencia de ruptura, nos otorgó un placer magnífico...
Prometeo llegó a mí cuando pensaba que era imposible encontrar a alguien que entendiera mi definición de la disciplina... Alguien que me comprendiera en mi actitud dominante... Pero duró lo que luna crecía...
A una noche de la luna llena, con el contrato en mis manos, que guardaré como fetiche, digo adiós a Prometeo...
Es el final de un ciclo memorable, y el inicio de una época de nueva búsqueda.


P.D. Gracias Prometeo por enseñarme a ser valiente conmigo mismo...

lunes, 22 de octubre de 2007

Libertad


No sé realmente por qué se afanan tanto en explicar y debatir sobre un concepto que está claro que es inexistente. Hablar de Libertad es igual que hablar de Dios: dos conceptos creados para que el ser humano se sienta poseedor de algo importante (en el caso de la libertad) y a la vez de algo ínfimo (ante la superioridad divina).
Sin embargo, soy partidario de mantener el concepto de Libertad. Es con ella con la que jugamos en la disciplina; en poseer las libertades de otro individuo para hacernos dioses mortales.
Magnífica sensación la que estoy nombrando... Ser un dios, o una diosa pues está claro que el sexo no tiene la más mínima importancia.
Nos es entregado como regalo divino la libertad de otro; pero este otro queda encadenado como algo ínfimo ante la superioridad del dominante... ¿Se ve más o menos a dónde quiero llegar?
Jugando con este concepto ilusorio, el sumiso queda encadenado al dominante, hecho DIOS por haberle entregado su libertad.

domingo, 21 de octubre de 2007

Sobre Dexter


He hecho un descubrimiento sorprendente y a la vez encantador: una nueva serie.
Dexter es la historia de un hombre común; que finge, que sonríe, que es tierno y convencional... O no tanto, ya que Dexter es, ante todo, un cazador. Sí, sí, un cazador...
Una comedia ingeniosa (como Weeds, ¡viva la 3ª Temporada!)sobre un psicópata poco convencional... Por este mismo motivo, he hecho un inciso en la temática del blog para promocionar este producto, pues me parece de lo más sórdido que ha creado la televisión (junto con Saw y Hostel).

http://youtube.com/watch?v=0Si6YLWRS9A ----- Aquí el vídeo presentación...

viernes, 19 de octubre de 2007

El Sentido de la Disciplina


Recientes acontecimientos acaecidos en mi vida han puesto de manifiesto una pregunta que me corroe desde hace semanas. ¿Qué sentido tiene la disciplina que tanto me jacto en promover?
En la entrevista que mi querida madrina Ana me hizo hace ya algún tiempo comenté que veía el BDSM como empatía. Ahora no es que me retracte de ello, sino que se ha matizado bastante más la definición. BDSM es una disciplina, pero no una disciplina como la filosofía, aunque tengan mucho en común, sino como una disciplina de realización personal. Para ahondar en el más profundo lado de la sexualidad humana y que en todos late incansable.
En esta disciplina intervienen dos individuos base: el dominante y el sumiso. Juntos investigarán ese lado oscuro y poderosamente erótico que es el BDSM. Pero toda disciplina tiene un método de acción y de conocimiento, es aquí dónde el dolor aparece. Al igual que Descartes usó la duda (una emoción negativa, aludiendo a Spinoza), este camino instrumentaliza el dolor para la obtención del placer que tanto hace evolucionar a una persona.
Cierto es que el sumiso puede alcanzar cotas más altas de realización, pero el dominante experimenta la sensación de, incluso, poder detener el tiempo a su antojo.
A escasos días de firmar mi primer contrato, el sentido del protocolo rompe con la disciplina que tanto me he esforzado en imponerme... Maldito cien veces, Prometeo, por esclavizarme a tu fragancia y fascinación...

sábado, 15 de septiembre de 2007

El Desafío



(Dedicado, en secreto, a P.)

Verlo desnudo, atado a una pata de la mesa de café en el centro del salón, me excitaba tanto que me reprimía apartando la mirada a otro lado.
¿Qué podía hacer con él? Había ganado limpiamente y ahora no sabía cómo actuar. Tras meses fantaseando con aquel momento, cayó presa de mi poder cuando me desafió al rápido. Se trata de un juego de naipes en el que gana el que antes se descarte. Nos apostamos una hora de esclavitud ante el otro; él, confiado por haber ganado a nuestros otros amigos, no pensó que era mi juego preferido de cartas… ¡Qué ingenuo!
Gané gracias al dos de copas, y él perdió gracias al rey de oro.
Días después se presentó por sorpresa en mis dominios dispuesto a pagar su deuda, dejando asombrado ya que pensé que nunca tendría el privilegio de verlo rendido a mis pies.
Su mirada, inocente, me fascinaba y turbaba de tal manera que me bloqueé. Ante la sólida fragilidad que su cuerpo desnudo, majestuoso y varonil, mis instintos más sádicos afloraron, colapsándome el sistema nervioso y racional.
¡Qué espléndida mezcla entre la inocencia femenina y la masculinidad, entregadas por propia voluntad!
¿Lo azotaría hasta ver florecer el rojo en sus carnes? ¿O lo colgaría para jugar con frío y calor? ¿Lo torturaría? ¿O lo envolvería en satén? Las posibilidades se abrieron como un abanico.
Sería mío durante una hora, así que debería empezar a actuar, pues el tiempo corre y no espera a nadie.
Me acerqué y lo desencadené. Sin decirle nada (le había ordenado que no hablara) lo llevé hasta la biblioteca. Verlo tan manso, tan pasivo… Sumamente entregado, con ese sutil toque a resignación… ¿Cómo puedo torturar a alguien que se entregue con semejante mezcla? ¡Sería una auténtica crueldad!
Sin embargo, mi opinión cambió cuando lo vi con los brazos sujetos a la firme lámpara de araña. Su belleza apolínea era tan pura que desafiaba. La pureza desafiante que trata por todos los medios de ablandar los crueles corazones. ¡Me estaba desafiando! Me decía: ¿serías capaz?
Me percaté entonces de su increíble erección. Excitado por la sensación de sumisión, por ese miedo a lo desconocido, por miedo a lo que le fuera a hacer. Pero no había emitido ningún sonido desde que le ordené silencio.
En el centro de la biblioteca, rodeado de tantos libros que habían inspirado mis perversas fantasías, sujeto por las muñecas a la lámpara y con la mirada puesta en el suelo. ¡Qué derroche de ternura y sumisión! Se había entregado con más ahínco que cualquiera de los experimentados sumisos que había tenido bajo mi mando.
Me acerqué lentamente y me quedé frente a él, mirándolo embelezado y estupefacto. No emanaba poder ni arrogancia, solamente pureza y resignación.
Pero sí desafiaba, me desafiaba, me alentaba a la crueldad.
Di una vuelta hasta quedar tras él e, inclinándome hasta su nuca, olisqueé profundamente el olor que emanaba de su cuerpo. El olor a pureza desafiante, a resignada voluntad, y poco a poco comenzó a desprender la dulce fragancia del goce.
Me quité los guantes de látex, dejándolos caer al suelo, para rodear su cuerpo con mis brazos y posar mis manos sobre su pecho.
Oí como llenaba sus pulmones de aire y soltaba un fuerte suspiro de placer reprimido. Contenía el aliento mientras lo acariciaba, al igual que yo.
Sin ninguna prisa, comencé a deslizar mis manos por todo su torso, sintiendo como los pezones se erizaban a mi lento paso. El olor de su entrega me tenía cautivo, provocándome la erección más fuerte que podía recordar.
Me gustaba su olor, su tensión corporal, su actitud enteramente sumisa a mi placer y mi voluntad. Pero eso no podía decírselo, no debía conocer mis verdaderos pensamientos; solamente estaba en disposición de juzgar mis actos con su cuerpo…
Una gota de sudor comenzó a bajar por su espalda. No pude reprimir acercarme y lamer todo el recorrido que había echo desde su nuca, pero su sabor, ¡qué exquisito sabor a pulcritud!
Deslicé mis manos hasta su espalda, que comencé a tocar tratando de hacerme conciente de que era real lo que estaba viviendo. Su duro y bien formado trasero se ponía tenso al pasar mis manos entre sus nalgas.
Emitió breves sonidos, casi quejas casi gemidos, pero ninguna negación.
Sí, teníamos una palabra: Piedad, que parecía haber sido olvidada por su cuerpo, que disfrutaba (siempre supe que lo haría) bajo mi mando.
¡Era como un bombón de carne y hueso que esperaba ser devorado! Me arrodillé tras él y lamí su nalga izquierda antes de darle un fuerte mordisco que él recibió con un grito.
Lo giré sobre sí mismo dejando frente a mí su fuerte y gran miembro endurecido que rezumaba el potente olor a lujuria.
Alcé mi mirada hacia arriba y lo descubrí observándome atentamente, gozoso de ser mi esclavo y de encontrarse inmune ante mi gobierno. No me dijo nada verbalmente, pero su mirada me ordenó que lo hiciera gritar y gozar, que lo llevara a mi paraíso perverso dónde no existían límites para el placer (salvo la edad, claro estaba).
Dejé salir mi lengua y recorrí toda su ingle captando el poderoso elixir con sabor a virginidad vainilla y vergüenza, para luego ascender por su estómago y detenerme pasionalmente en sus pezones (el derecho con un piercing), que mordisqueé con deleite.
Pegué mi cuerpo al suyo y sentí su miembro vibrar en mi estómago, todo mientras degustaba el profundo aroma a placer que de sus poros manaba. Él dejó caer su cabeza hacia atrás y tragó saliva con dificultad pues sus jadeos habían secado su garganta.
Pude descubrir el goce de su piel siendo adorada por mi lengua. Pero para seguir aumentando el erotismo, necesitaba oírlo pronunciar alguna palabra de alentamiento.
- Tienes permiso para decir una sola frase durante los próximos treinta minutos…- le dije.
- Hazme gritar de placer, por favor…
Su absoluta abnegación me impactó de tal modo que no pude hacer otra cosa salvo darle un fustazo. Gritó y luego blasfemó, pero no opuso resistencia sino que me miró desafiante, con rencor.
Admiré su nueva actitud: vigorosa y llena de poder, hermoso en su situación de esclavitud. Su respiración se hizo audible a mis oídos y su sexualidad estaba siendo deconstruida para alcanzar el placer desde una óptica nueva.
Su juventud era lo que me hacía perseverar en mi papel de dominante: tan sólo cuatro años menor que yo y su entera devoción ponía en ebullición la sangre de mis venas.
Di varias vueltas contemplándolo en su esplendor, en ese privilegiado lujo llamado esclavitud sexual. ¡Qué sensualidad encadenada más vigorosa!
Nuevamente lo pegué a mi cuerpo. Mi albornoz de satén rozaba su piel mojada por el sudor. La piel de nuestros pechos se unió en un pasional abrazo mientras mordía el lóbulo de su oreja derecha. Él jadeaba excitado mientras yo desanudaba mi albornoz para que nuestros miembros se rozaran, calientes y húmedos, terminando por descubrir toda nuestra anatomía.
Sin poder contenerme más, devoré sus labios en un indecente beso con lengua, ganándonos el pecado mortal de la homosexualidad aunque él hubiera decidido compartir su vida con una mujer. Se me entregó como un hombre se entrega a otro hombre, pero su género desapareció ante su esclavitud (al igual que mi condición de hombre quedó nublada ante el arte de la doma).
Estiré mis manos hasta palpar su trasero, que froté y apreté ante de darle cuatro fustazos seguidos. Le ordené quietud y silencio durante el proceso, que él siguió obedientemente hasta que volví a besarlo.
Se abandonó a mis deseos, me entregó su poder y su cuerpo como buen perdedor. Se hizo mío, pero en aquel preciso instante me di cuenta de que sería muy difícil para mí dejarlo ir como si nada hubiera ocurrido…
Lamí su cuello y di pequeños mordiscos, pellizcaba sus pezones y acariciaba su terso trasero depilado. Su cuerpo me hacía estremecer, me llenaba de lujuria, y el contacto salvaje de nuestra piel hacía que nos prendiéramos en fuego.
Él jadeaba, deseando que terminara por devorarlo. Pero era, ante todo, mi propio placer, y deseaba introducirme dentro de él, con fuerza y salvajismo, haciéndolo gritar nuevamente.
Me coloqué tras él. Apoyé mi miembro entre sus nalgas, sin introducirlo, y comencé a frotarme.
Él lo notaba. Notaba cómo mi miembro se acercaba peligrosamente a su cueva de Sodoma y resoplaba con nerviosismo (o con ansiedad) por el inminente acto.
Estimulé su ano, introduciendo algunos dedos para relajar el músculo. Luego apliqué el delicioso lubricante de canela que siempre compraba para mis sesiones con chicos vainilla. Le susurré que se relajara si no quería un dolor penetrante y arrollador, pero me hizo caso omiso: cuando introduje, sin aviso ni cortesía, mi miembro en su interior, dejó escapar un fuerte grito que se ahogó con un jadeo posterior.
Entré y salí lentamente varias veces antes de descargarle todo el peso de mi voluptuosidad, con penetraciones fuertes y profundas. Se agitó y mordió el labio inferior.
Apretaba sus nalgas con el fin de evitar el dolor, pero lo único que producía era una enorme descarga de placer en mi cuerpo al sentir cómo mi miembro quedaba preso en su interior.
Gimió sin poder contenerse mientras le sujetaba de las caderas y lo movía hacia mí para penetrarlo más profundamente. Le hice gritar, gemir, jadear y gozar. Pero su clímax se vio recompensado cuando eyaculé en su interior, haciendo que sintiera ese torrente caliente dentro de su cuerpo, provocándole un gran escalofrío.
Tembló de pies a cabeza, lo noté en su piel.
Quedé exhausto, completamente vacío de lujuria y voluptuoso elixir. Pero no me fue problema otorgarle un regalo: poniéndome de rodillas, ante él, introduje su miembro enrojecido y caliente en mi boca, que froté y adoré hasta que eyaculó con un gran chorro blanquecino que cayó sobre mi pecho.
Después de semejante sesión, lo desaté y llevé al baño (no muy lejos de la biblioteca). Allí le ordené introducirse en la bañera, que llené con agua, gel y aceite de vainilla.
No dijo nada mientras frotaba su cuerpo humillado y denigrado, devolviéndole la misma pureza con la que había caído en mis manos. Al ordenarle que se pusiera de pie para lavarle el trasero y las piernas, me percaté de las marcas de los fustazos. Rojas y encendidas con el agua caliente, produjeron una nueva erección en mi miembro.
¡Qué cuerpo tan hermoso, y más aún marcado con la señal de la voluptuosidad!
Froté su cabeza poniéndola entre mis piernas. Lavé su cabello y él quedó profundamente encerrado en mi hechizo de dolor y ternura.
Varias veces acaricié su rostro, pensando que era imposible que hubiera ocurrido aquello. Aún no me creía que hubiera sido mío, finalmente, tras muchas fantasías durante un largo verano.
Quedaban diez minutos de su hora de esclavitud, así que me desnudé y me metí con él en la bañera. Me aseé en silencio siendo observado por él, que me miraba con ojos de incredulidad, como si fuera imposible que primero lo desgarrara y azotara y luego lo aseara con dulzura y entrega.
No volvimos a tocarnos hasta el abrazo de despedida.
- Un placer haber estado en sus dominios, mi Lord- me dijo con una sonrisa pícara y satisfecha.
- El placer ha sido mío, al verte rendido a mi voluntad…
Naturalmente, nadie nunca averiguó que aquella noche cumplió su pacto. Y yo deseé, ardiente y obsesivamente, volver a encontrarlo en otra partida de cartas.